En el armario.

Mi armario antes del diagnóstico bipolar era un caos total, un justo reflejo de lo que era mi vida entonces. Convivían los vestidos de leopardo con las camisas de raya diplomática, mezclándose con ropa vieja y rota que se disimulaba entre las últimas prendas de moda. Mil personalidades distintas.

En mi armario actual hay sobre todo ropa básica y prendas de última temporada, luego con cuatro detalles según convenga para cada ocasión ya tengo el look asegurado. Me sigo poniendo el vestido de leopardo no tiene nada de malo y me queda de infarto, pero para salir un sábado por la noche no para ir al entierro de mi tía. Lo malo de mi nuevo armario es que en el fondo, en el rinconcito más oscuro, estoy yo.

Creo que he tenido suerte de haber cambiado de ciudad varias veces en estos últimos años, con ello he aprendido la lección de que siempre se puede empezar de cero. Si preguntaran por mí en una de esas ciudades me describirían como una pirada golfa de puta madre, seguramente, en cambio por ejemplo en otra podrían decir que soy una antisocial tímida y aburrida. Ahora mismo también es curioso porque vuelvo a estar en otra ciudad, esta vez en un estado que llaman eutimia intentando controlar subidas y bajadas, que no siempre es fácil, aparentando una ansiada normalidad.

Mi vida ahora se centra en un negocio que se lleva muchas horas del día y mi familia y mi casa que se llevan el resto de horas, por lo que los adjetivos que más imperan en mi vida ahora mismo son los referentes a la responsabilidad. Teniendo la gran suerte de poder apoyarme en mi pareja, que es la persona más maravillosa que conozco, para compaginar mis idas y venidas.

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Creo que por eso me da más rabia estar escondida en el armario. He pasado épocas de coger y dejar estudios, coger y dejar trabajos, creyéndome una inútil y una fracasada que no iba a conseguir nada en la vida, pasándolo muy mal.

Quisiera salir en defensa de las personas que padecemos trastornos mentales rebatiendo los estereotipos marcados. Demostrando que se puede tener éxito en la vida con plenitud y felicidad contando con el tratamiento adecuado y una rutina saludable, que aunque suene muy aburrido os aseguro que no tiene porque serlo. Podemos conseguir lo que queramos.

Me encantaría de verdad salir del armario pero estando cara al público con una clientela habitual te das cuenta de la visión tan distorsionada que tiene la sociedad sobre nosotros. Los temas de trastornos mentales de todo tipo salen en infinidad de ocasiones con frases como:

Dice que su hijo tiene depresión, lo que es es un vago.

El vecino de arriba pega a su mujer, debe ser esquizofrénico o algo.

La ludopatía no existe, son gente viciosa y egoísta.

Le quitaba la anorexia de un guantazo.

Unas veces saluda y otras no, será bipolar.

……..

Aunque rápidamente me sale dar la charla a modo informativo para cada caso, el oyente no tiene gana alguna de escuchar la explicación.

Como muestra un ejemplo real que tiene como protagonista a un vecino cliente asiduo de mi establecimiento, que en medio de una depresión se tiró por la ventana de su piso, no consiguiendo matarse pero si provocándose múltiples fracturas. En los días siguientes al suceso tuve prácticamente que repetir la misma conversación como, sin exagerar, unas quince veces

—Hace falta ser tonto, como se le habrá ocurrido tirarse por la ventana.—me decían además en tono de burla por no haberse conseguido suicidar porque se tiró desde un segundo.

Yo mantenía que una depresión le podría pasar a cualquiera porque ahí no mandamos nosotros manda la química cerebral y es tan poderosa la desesperanza que te hace alcanzar, que no ves más salida. Me tiraba un rato apoyando con determinación mi tesis para que al final me contestaran con un

—Que no, que yo te digo que éste es tonto.

Me pregunto yo ¿qué pasaría si supieran lo mio?

Si supieran que me he querido matar al igual que ese hombre,

que he sufrido psicosis,

y tantas otras cosas.

Por desgracia sé la respuesta.